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Los cursos de enseñanza y terapia del Niño Interior están indicados para personas...

que buscan dentro,
que buscan fuera,
que ya no saben dónde buscar,
que están cargadas,
que están descargadas,
que están mal y no saben por qué,
que saben por qué, pero no saben cómo cambiarlo.
que quieren comprender,
que, en realidad, lo que están buscando, es PARA QUÉ.

por quién es impartido (a modo de curriculum)

Me llamo Josemaría Garzón. Hace algún tiempo fui niño, adolescente, maestro, gerente de una empresa en el extranjero, empresario y director de un colegio. Sigo siendo marido y padre. Pero mi gran aspiración es la de volver a ser niño o Niño.

Nací en 1963, desconozco cuándo comencé a salirme de la norma. Sé que de niño usaba el péndulo para averiguar enigmas, objetos escondidos, y -ah, lo había olvidado- una vez intenté averiguar lo resultados de la quiniela. Normalmente acertaba tres o cuatro resultado, pero en aquella el número de acierto subió diez y once en sendas columnas. Todo un radiestesista. Cuando descubrí que funcionaba me dediqué a otra cosa, lamentablemente... Bueno, la verdad es que los resultados poco me han importado.

De lo que no cabe duda es que mi vida ha estado rodeado siempre de algo a lo que podríamos llamar "Lo Sutil". De adolescente dije adiós a un dios moralista y culpabilizador. Descubrí que era mentira que él nos hubiera hecho a su imagen y semejanza. Pronto caí en la cuenta de que éramos los hombres, con nuestro sistema de creencias, quienes lo habíamos hecho a nuestra imagen y semejanza. Luego vino una nueva visión del amor que abría las puertas en mi corazón a un Dios que todo lo integra y que nos convierte a los individuos en su parte humana.

Ya me había casado con Alicia, cuando nos fuimos siete años a África, concretamente a Guinea Ecuatorial. Cuando regresé a España y tras nueve años de docencia, un buen día comprendí que mi etapa allí había finalizado y, por eso, abandoné el aula y la dirección del colegio para cambiar tantas seguridades como tenía en aquel momento para buscar la felicidad... quiero decir la Felicidad.

Entonces nos fuimos a un pueblo de montaña del Bierzo, en León, con veinte habitantes durante el invierno. Y fue aquí, donde comencé a recuperar los aromas de la infancia, cuando jugaba a contemplar los pájaros, cuando inventaba historias, cuando los colores puros de los pitufos de plástico que mi madre me compraban producían en mí una sensación electrizante.

De adolescente también competía con mis compañeros con un balón que pesaba el doble que los de ahora. Yo solo quería ser como los mayores de mi pandilla, que era la mejor familia que tenía en la calle, daba igual si estabamos en los calores ardientes del agosto sevillano o en las lluvias semanales de enero.

Creo que Fue por 1990 cuando recordé que existía el sonido de la lluvia durante las noches de mi infancia. Entonces me cubría hasta la nariz con la sábana, la manta y la colcha para escuchar en la oscuridad de mi cuarto el viento, un viento que podía ser tan largo como la noche. Durante aquellas noches me sentía tan pequeñito como una hormiga… pero algo invisible me decía que también era tan grande como el Universo, pues todo quedaba por descubrir. En realidad, no sé a donde iba por aquel entonces, pero sé que alguien me esperaba. Yo diría que algo me llamaba a ratos, y aunque miraba a mi alrededor nunca lo veía. Aún no había desarrollado el sentido llamado La Atención.

Como decía anteriormente, un buen día mi mujer y yo lo abandonamos todo. Abandonamos nuestras seguridades: no nos ofrecían felicidad, solo eso, seguridad. Abandonamos nuestros puestos de funcionarios, nuestros rígidos calendarios, nuestras agendas, nuestras obligadas reuniones de parientes. Descubrimos que el futuro previsible que nos ofrecían las tarjetas de crédio a medio plazo ofrecía algo más que preocupaciones, ofrecía una esclavitud silenciosas que poco a poco se iba instalando en nuestra vida. Con lo cual buscábamos nuevas seguridades. Una locura.

Así, pues, nos marchamos con nuestras dos hijas a un pueblo mágico con casas de piedra ocre y tejados de pizarra gris, con vistas a las montañas de Galicia, de Asturias, muy cerquita del Camino de Santiago. Nos instalamos en el Bierzo, a catorce kilómetros de Ponferrada, viendo Ponferrada con un rabillo del ojo y los bosques de robles con el otro. Una vez le dijims a un amigo que en realidad vivíamos en una urbanización de lujo, pues tardábamos menos en llegar que antes al trabajo, nunca nos encontrábamos con un accidente de trabajo y, encima, mis hijas eran mucho más felices.

Sí, allí nos marchamos tras descubrir que la vida tiene sus etapas y que si estamos atentos a esos cambios y somos capaces de saltar, el Universo te coge de la mano, pero a su manera, que es la mejor. No, no fue fácil al principio porque la mente se aferraba de nuevo a sus seguridades, pero poco a poco, sin darnos cuenta, fuimos entrando en un nuevo compás.

Ese tempo, propio de quien sabe escuchar el paso de las estaciones o el rumor de las hojas a la caída de la tarde nos fue llevando a un ritmo diferente. Si uno entra en un ritmo diferente hace cosas diferentes. Es lógico. Así que con muchísima ayuda, claro, comencé a organizar actividades que me hacía feliz a mí y a la mayoría de los que me rodeaban. Incluso comenzó a venir gente, mucha gente. Cada uno creía que éramos felices por el lugar donde vivíamos, pero de nuevo se equivocaban. Éramos felicies porque esa alegría emanaba de mí.

Ahora vuelvo a recordar como era el silbido del viento por las noches cuando yo era niño, cómo las águilas planeaba formando círculos sobre un cielo limpio de nubes mientras giraban su cuello para mirarme con sus ojos redondos y profundos. Todo este tipo de cosas las escribo en libros, organizo campamentos para chavales y para mayores, siempre desde la búsqueda de la Plenitud. A menudo, salgo de viaje para impartir charlas, conferencias y talleres por toda la geografía.

Sé que algún día llegará en el que deberé pasar el testigo a otra persona. Habré entendido que ha llegado una nueva etapa. Habré entendido que es Espíritu me reclamará en otro sitio. Y si no hiciera caso a su Conesejo me haría daño por no fluir con su compás, que es el del Universo, que es el compás de la Tierra, y el de los hombres.

A  veces tengo la sensación de que soy un mero instrumento del Ser Cósmico que a todos nos sostiene. A Él le encanta crear y yo... me ofrezco para ser uno con Él. Digamos que procuro unificar su Voluntad y la mía.

Así que éstas son algunas de las actividades que llevo a cabo. Ninguna de ellas hubiera sido posible sin la ayuda de mi esposa, mis hijas, mi perro, mis amigos y, sobre todo, ese Ser:

Bitácora de Juan Navegante y Cuaderno de Trabajo hacia el Ser (editados por dos editoriales: Cooperación Internacional Española y por Mater ediciones).
El Ángel de las Piedras, editado por ArtedeAmarte y solo vendible a través de la web www.artedeamarte.net.
Los cuentos del Maestro, una colección de cuentos atravesada por una historia que convierte cada cuento en la perla de un collar con un significado global más profundo.
Talleres del Niño Interior. Sanación a través del Amor Incondional. En toda España.
Campamentos ArtedeAmarte. Para chicos y chicas de 7 a 17 años. Aquí, en Espinoso. En tres años se han multiplicado por tres los campamentos. Se trata de una iniciación al Desarrollo Personal de los chavales y al encuentro con uno mismo a través de talleres monográficos, con profes voluntarios o contratados que vienen para impartirlos y donde existe, además, un compromiso por el planeta.
Aulas de la Tierra. Es una iniciativa basada en el encuentro de la espiritualidad a través del contacto con la tierra. Comenzamos con un Campo de Trabajo en el entorno del pueblo. Localizamos tierras, las delimitamos, llevamos a cabo con ellas ejercicios bioenergéticos y por las tardes hay disfrute, paseos y encuentros místicos.

¿Qué más he hecho en mi vida?

Para mí no es importante lo que te voy a contar aquí. Pero muchas personas que me contrata debo darles explicaciones sobre mi experiencia porque, a su vez, a ellos se la piden.

  1. Docente por la Universidad de Sevilla. Especialista en las ramas de Matemáticas, Educación Especial y Pedagogía Terapéutica.
  2. Director del Colegio Sta. Teresa de Albaida del Aljarafe.
  3. Empresario de la empresa Comercial Lara en Guinea Ecuatorial.
  4. Gerente de la empresa Factorias Carretero Import-Export de Guinea Ecuatorial.
  5. Conferenciante en numerosos sitios bajo la temática general: un nuevo paradigma en la salud y en la educación para un mundo diferente.
  6. Escritor de los libros reseñados más arriba.
  7. Cofundador de la editorial Mater ediciones.
  8. Formador de terapéutas alternativos dentro de una línea tanto de Coaching como de Facilitador.
  9. Promotor de campamentos para chavales con fines de autocremiento y medioambientales con el nombre de Campametos ArtedeAmarte.
  10. Promotor de campamentos para adultos con fines similares y con el nombre Aulas de la Tierra.
  11. Terapéuta de sanación educativa en la clínica del doctor Javier Martínez Barrios, en Madrid, C/ Manuel Becerra, 16.
Ahora, de mayor, estoy descubriendo que vuelvo a sentir como un niño, abrazo árboles, me siento bajo la fronda de un castaño centenario y cierro los ojos para comprobar qué larga puede ser una brisa, y cuán lejos me puede llevar. Escucho los ecos del grito del águila y siento la Vida engrandeciendo mi corazón. Me hablan las rocas... por si no te he parecido lo suficientemente loco y mi mayor anhelo es impedir que ni el pasado ni el futuro penetren en mi amado Presente, que es el único tiempo existente.

Para terminar, me gustaría que te quedaras con este descubrimiento que hace muy poquitos años hice. Tiene mucho que ver con la inocencia de la infancia. Resulta que cuando uno se Ama, lo Ama todo y es Amado por todo. Y entonces uno comprende que lo importante no es comprender sino sentirse Uno con el Todo... aunque ambos son lo mismo. Es como se siente un niño cuando lo abraza su madre. ¿Para que necesita comprender qué es un abrazo? Así estamos nosotros todos los días, perdiendo el sentir del abrazo.


 

 

 

 

 
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