Con
la moderna física
cuántica, aprendiste
que el observador influía
en el experimento. ¿Capaz
de influir? Si esto fuera
así, significa que
todos seríamos creadores
de nuestra propia realidad.
Pero,
si es la mente la observadora
-la creadora-, podrías
preguntarle de que tipo
de pensamientos está
saturada. Cuáles
son los que inciden en
ti a la hora de decidir
por un camino, o por otro…,
contando con que fueras
capaz de avanzar un paso
cuando tomaras la decisión
que realmente te gustase.
“Sí, a mí
no me importa hablar y
arreglar esto, pero…
no, no, que se va a molestar
mucho”. Otro pensamiento:
“Me siento segura
tal como estoy… aunque
me duela la situación”.
Se
te olvidó que el
miedo te separaba de algo
llamado felicidad. Piensa
cuántos momentos
aplazaste por el miedo.
Piensa cuántos temores
zumbaron en tu mente como
avispas amenazadoras que
te decían: “te
aguijoneo si te mueves”.
Incluso la mente echó
mano de una de las fuerzas
más poderosas con
las que se alía…
o a la que está
conectada como si fuera
Matrix… la del inconsciente
colectivo: “Dejaremos
la cosas como están
que más vale malo
conocido que bueno por
conocer”. Son los
viejos esquemas que a menudo
nos condicionan, son el
software al que, mira por
dónde, poco a poco
nos enfrentamos para transformarlo.
Aún lo poseemos,
por eso nos duele la situación
actual cuando deseamos
reconducirnos por la vida.
No, aún no somos
libres, pero nos queda
cada vez menos.
Esa
mente sigue sometida al
yugo de una falsa creencia,
la idea de que el presente
solo se puede crear si
se apoya en la experiencia,
y el futuro se alcanza
con el concurso del pasado.
Es la norma aceptada por
ese inconsciente colectivo,
por el imaginario popular
(planetario). Con lo cual,
eso de que debemos vivir
en el Presente, en el Aquí
y el Ahora, de momento
es un anhelo. Todo se queda
en esa hermosa teoría
de despertar espiritual
del Aquí y el Ahora
cuando el miedo sostiene
la mente y sonríe,
mirándote de soslayo
y preguntándote:
“¿A dónde
crees que vas? Tú
harás lo que yo
te diga”. Pero lo
que él te dicte
significaría más
o menos “no Ser”.
Y según el poder
de ese miedo no harás
nunca nada. Si es muy intenso,
te bloqueará; si
es de baja intensidad,
avanzarás con resistencias,
ganándote el pan
con el sudor de tu frente
(¿recuerdas?) ¿Y
si desapareciera por completo
el miedo?… Ay, si
desapareciera… entonces
volarías con toda
la majestad de tus alas
en un anchísimo
presente, tan ancho como
infinito.
Quiero
que seas positivo. Cuando
hay miedo solo te quejas
de lo de fuera. He observado
que aquellos que más
juzgan a los demás
–o a lo que sea–
más miedo albergan,
y que aquellos que más
miedo poseen, más
juzgan la realidad externa,
como, por ejemplo, la del
mundo que muestra la tele.
Cada juicio te separa automáticamente
del corazón del
otro. La verdad (mírate),
quien está mal eres
tú y lo de fuera
no es más que lo
que esa mente refleja desde
tu interior. Lava tu corazón,
por favor.
Es
magnífico si te
tomaras en serio que la
vida es una perfectísima
pantalla holográfica
donde se proyectan tus
creaciones, o las de tu
entorno, o las de la humanidad
–que al fin y al
cabo perteneces a ella
como una célula
a su cuerpo–. Si
fuera de esta manera, nuestra
perspectiva pasaría
a ser la del ángel
y solo te quedarías
con tres palabras: creer
es crear.
A
mí me parece tan
hermosa la realidad que
estaría horas hablándote
de la danza que se desarrolla
en el Universo, en la
Tierra,
entre los órdenes
sociales. Ahora y Aquí.
Un día te contaré
unas cuantas historias,
realidades que me suceden
a menudo. Si el miedo hubiese
tomado el mando en dichas
situaciones otra verdad
hubiera creado, diferente
a esta que te escribo.
Olvidaste
que sobre la base de todas
las grandes pasiones y
apegos subyacía
el miedo, sobre la base
de la ira, sobre la base
de los celos, de la duda,
de la vanidad, del poder.
Siempre hay un miedo
a perder el control, a
perder la imagen, a equivocarse,
a dejar de existir, a que
no te quieran, a perder
los apoyos, a equivocarse,
a morir... El miedo siempre
tensa la cuerda hasta unos
límites que, lo
sabes bien, ni te deja
dormir… O peor, aún,
a separarte de los que
te rodean. ¿Cuántas
veces no has mirado para
atrás y te has preguntado,
pero Dios mío, qué
hecho? Dios mío,
¿cuántos
ratos felices perdidos
por aquel temor? ¿Fue
el miedo lo que te hizo
actuar de esa manera? Me
dijo el otro día
un amigo que su jefe lo
presionó tanto que
cuestionó su puesto
de trabajo. Al final, me
confesó: “Lo
que estaba haciendo él
era verter sobre mí
sus propios miedos porque
se estaba sintiendo cuestionado
por los jefes superiores”.
¿Acaso no es grande
una persona que mira así?
Ahora
los científicos
de la famosa física
cuántica dicen que
el observador influye en
el experimento, que, por
tanto, la realidad la vamos
creando nosotros a nuestro
paso. ¿No te das
cuenta que tú eres
el experimento y que tu
mente debería ser
la observadora, un testigo
sagrado?
¿He
dicho observadora? Quizá
no. Creo que hasta ahora
tu mente es la controladora.
Está llena de miedos
que te impiden sumergirte
en el mar de la Unidad,
de este cuerpo del Ser
cuya parte humana somos
nosotros. ¿Por qué
tendremos más miedo
en los países ricos
que en los pobres? Cuando
viví en África
el miedo era tan relativo...
Quizá sea que como
sus apegos están
más limitados, no
hay miedo a perder. Allí,
en general, sobre todos
las personas de cuarenta
años para arriba,
carecían de miedo
a la muerte –en general,
claro– porque convivían
con sus antepasados y ellos
les hablaban.
En
el taller de Madrid, alguien
me preguntó con
algo de desazón
en su rostro, agobiado
por la necesidad de escapar
de sus angustias: “No
entiendo qué es
el ser humano”. A
esa persona con el alma
agotada le contesté
que el ser humano era eso:
la parte humana del Ser.
Quiero
que seas positivo. Es preciso
mirar de manera global,
viendo al Ser en todos
los objetos, en todos nuestros
actos. Los textos sagrados,
sobre todo el Gita, dice
que la Luz está en nosotros y que nosotros estamos
en Luz. ¿Qué
conclusión lógica
se desprende de estas dos
afirmaciones? Una evidente:
nosotros y la
Luz somos
lo mismo.
En
otro lugar, más
al sur de España,
en Huelva, a otra persona
no le dije, sino que le
transmití que el Universo, lejos de conspirar contra nosotros,
confabula para que materialicemos
nuestro plan, un plan que
por encima de todo es Felicidad
y Gozo. Ser. Por eso, ahora
mismo me entran ganas de
rogarte que observes a
una persona mayor, más
o menos con ochenta y tres
años. Si la conoces
desde hace tiempo, pregúntate,
con calma, si ella no es
lo que creyó siempre
que sería. ¿Acaso
no creó ella su
propia realidad? ¿Acaso
no se la creó su
entorno, su familia, sus
padres? ¿Acaso no
recibió y actuó
según las premisas
que le marcó su
familia, la sociedad, porque
ella creyó en ellas?
Tampoco había más
donde elegir, ¿verdad?
Cierto, pero ¿a
caso no conspiró
"la realidad"
para forjar sus creencias,
sus temores y anhelos?
Ahora eres consciente…
porque tú estás
leyendo esto. Como se suele
decir, si has llegado hasta
aquí será
porque algo de esto ya
está en tu interior.
La
metáfora de la célula
perteneciente al cuerpo
Quiero
que seas positiva y que
pienses cómo el
Universo entero conspira
para que llegues a donde
Debes. Para mí existe
una metáfora respecto
a lo que somos y al papel
que desempeñamos.
Sería la una célula
pequeñita perteneciente
a un cuerpo humano al que
podríamos llamar
unidad. Esa célula
vive en un tejido cualquiera
de ese cuerpo. El tejido
se extiende por un órgano
que, a su vez, pertenece
a un aparato como podría
ser el respiratorio o el
digestivo… que, a
su vez, formaría
parte indivisible del cuerpo.
Unidad. Pues bien, ¿cómo
podemos sospechar que el
sistema llamado cuerpo
trabajase en contra de
esa célula que lo
conforma como una parte
de sí mismo? (en
este ejemplo suponemos
que estamos sanos, y aunque
no fuera así cabe
pensar la prodigiosa capacidad
sanadora del cuerpo, con
lo cual regresamos al principio:
la extraordinaria capacidad
de ayuda y apoyo por parte
de todo el sistema). El
sistema, con toda su dinámica,
le aportará lo necesario
para que ella, solo visible
con un ojo de gran aumento,
desempeñe su trabajo
con eficacia. “Yo
te apoyo porque formas
parte de mí”.
El
único requisito
que propone el cuerpo (unidad)
es confianza y aceptación
por parte de la célula
para recibir el apoyo,
los nutrientes, proteínas,
porque, de no ser así,
la célula se vuelve
errática y se cierra
en sí misma; a continuación
siente como extrañas
a sus vecinas y comienza
–con su miedo–
a atacar. Por supuesto
que imaginarás cómo
se le llama a este tipo
de enfermedad: cáncer.
Piensa
que a la colaboración
de fuerzas de todos los
órganos y aparatos
que forman el sistema llamado
cuerpo recibe el nombre
de sinergia, es decir,
su resultante es una fuerza
muy superior a la suma
de sus partes. Por supuesto
que hay muchas células
que necesitan identificarse
con ese cuerpo para descubrirse
inmensamente grandes. Célula
y cuerpo no son dos cosas
diferentes, sino partes
de lo mismo.
Pero
ella necesita aceptarse,
como primer paso hacia
su propio autodescubrimiento,
necesita econtrar su propia
autoconquista a través
de la idea de complementariedad.
Estas células que
no se aceptan o que no
han descubierto la situación
por la que atraviesan,
en realidad están
desconectadas de la unidad
llamada cuerpo humano,
y por eso sufren, y por
eso controlan y por eso
quieren inducir a
las demás en su
desesperada desconexión.
Quiero
que sea positivo. En realidad,
se te ha olvidado que tu
mente crea, y crea aquello
que ocupan sus contenidos.
Ese magnífico ordenador
que llevamos dentro debe
ser reencauzado con todo
nuestro amor. Debemos indicarle
que se tranquilice, que
se rinda, que ocupe su
función real que
es la de ser instrumento
gozoso al servicio de un
ser creador (esto solo
vale para aquellos, como
tú, que creen que
también existe Vida
más allá
de la mente. He dicho mente,
no muerte).
Ahora
que lo escribo, caramba,
me pregunto si mente y
muerte serán lo
mismo. ¿O será
que la mente debe morir
para nacer al Ser?
Está
dentro de ti. Si quieres
llegar a lo más
alto…, que es, en
realidad, lo más
profundo, te recomiendo
que practiques sin descanso
el pensamiento positivo.
Él es el aliento
del ser, pero debes invocarlo,
practicarlo por deber.
Y hay tantas maneras de
llevarlo a cabo. Ahí
comienza el principio de
aceptación…
mejor dicho, de Aceptación.
Si buscas espiritualidad,
salir de los marasmos del
deseo, del odio, de la
tristeza, de la rabia,
de la costra que rodea
tu corazón, búscalo
sin descanso.
El
Ser no es extraterreno.
Ya te conté cómo
la realidad no es más
que tu propia creación.
Así que si quieres
salir de quienes te han
encarcelado en cualquiera
de los muchos sitios que
existen, un compromiso,
una familia, un trabajo,
piensa que ellos son la
proyección clara
de lo que debes liberar,
armonizar o reconciliar
dentro de ti. Cuando lo
consigas, lo de fuera será
sincrónico y cambiará
a causa de la nueva creencia,
la positiva. No sería
la primera vez que alguien
me llama después
de un taller, nada más
llegar a su casa para contarme
entusiasmado que después
de tantos años le
había llamado por
fin tal o cual persona,
precisamente el día
que había trabajado
en su interior “el
problema”, y que
deseaba “hablar”.
No, no es magia, ni milagro,
es sencillamente tu cambio
interno el que se proyecta
fuera. No sería
tampoco la primera vez
que después de un
taller como este o como
los muchísimos que
se organizan por cada vez
mayor número de
personas a lo largo del
mundo, se rompiese el lazo
enfermizo que mantenía
mal unida a dos personas.
Se disolvió y ambas
quedaron libres, sin traumas,
ni siquiera se oyen las
voces de la culpa que casi
siempre provienen del inconsciente,
el individual y el colectivo.
Por
eso te pido que aprendas
a mantener la llama de
lo positivo. Un fogonazo
de positivismo solo sirve
para comprobar sus efectos
de manera leve, pero el
efecto contrario resulta
devastador, por mero contraste.
¿Qué
es ser positivo?
Positivo
es lo que une, negativo
es lo que separa (esto
no hace falta aclararlo,
nos sobra experiencia en
este campo). Pero, sí
debemos matizar la diferencia
entre positivo y “bueno”
y entre positivo y “optimista”.
El concepto bueno es cultural:
lo que es bueno en un sitio,
no tiene por qué
serlo en otro. Por ejemplo:
hace dos años un
médico me dijo que
la iglesia había
hecho el bien en Sudamérica.
¿Para quién?
Yo no entro en esos juicios,
pero madre mía si
le preguntásemos
lo mismo a muchos de Sudamérica.
Por otra parte, la diferencia
entre positivo y optimista
es más sutil. Éste,
a diferencia del positivo,
solo está convencido
de la consecución
de sus objetivos, que pueden
ser apegos tremendos basados
en la propiedad o en el
prejuicio. En cualquier
caso todos se apoyan en
la idea de pérdida,
pérdida de unas
tierras, pérdida
de identidad cultural…
Conocemos a lo largo de
la historia a unos cuantos
que aplicaron el terror
–el miedo en su grado
extremo; o la separación
en su grado superior–
con estas prerrogativas
del ego, individual o colectivo.
Tampoco los juzgo.
Positivo
es lo que integra, lo que
armoniza, lo que entiende
y acepta, lo que no se
arredra ante nada ni nadie,
lo que es creativo en su
proceso, lo que se abre
paso ante la dificultad
y la convierte en su instrumento.
Lo que calla o habla según
su creación. Lo
positivo es la premisa
que necesita el Amor para
expresarse. Lo positivo
disuelve la esperanza,
la fe. Sobre todo activa
el sentido del ángel
por excelencia, la certidumbre.
Lo positivo no se proyecta
en el futuro, porque aunque
no lo vean los ojos físicos,
ya es.
Positivo
es preguntarse por el para
qué de las dificultades
en vez del porqué.
Es el instante de la pregunta;
es el instante de la respuesta.
Una vez que lo positivo
se convierte en pauta de
la vida ya no podemos prescindir
de ello. Entonces, nuestros
problemas se transforman
en llamas rutilantes de
la experiencia que se instala
en el Aquí y el
Ahora.
Ser
positivo es comprender
que debemos vaciar el viejo
armario para colgar las
ropas nuevas, con el aroma
de los tejidos nuevos,
con telas más resistentes,
colores más saturados
y brillantes. Yo diría
más, que ser positivo
podría ser también
tirar el armario. Así,
que entiéndelo,
ser positivo es permitir
al Ser manifestarse en
ti. Él te indicará
que abandones aquellos
vestidos que en su día
abrazaste como tabla de
salvación y a los
que te aferras aún
porque piensas que te continúan
sirviendo. Mira bien lo
que te digo: el instrumento
de entonces que ya no usas
o que ya no te sirve, se
convierte en lastre…
mientras lo sigas añorando,
por muy salvador que fuese
en el pasado.
Aún
recuerdo el dolor que me
produjo abandonar todos
mis libros el año
que nos mudamos de casa
y nos marchamos al norte.
Entregado y rendido al
Ser lo escuché cómo
me susurraba. Aunque en
el fondo comprendí
que era una certeza, sabía
que aquello me dolería.
Mi alma soportó
una enorme pena cuando
uno tras otro fui apilándolos
en el interior de cada
caja de cartón.
Allí iba la Autobiografía de un Yogui, de Paramahansa
Yogananda, Sai Baba y el
psiquiatra, los tres tomos
de Planeta sobre el arte
de escribir y la colección
de veinte tomos de color
amarillo en la portada
y en la contraportada sobre
técnicas de fotografía,
además de mis novelas
de cabecera. En definitiva,
mis mejores apoyos en las
noches de angustia y de
búsqueda interior.
Completé
las seis cajas y las regalé
a diversas personas. A
mis hijas les dejé
elegir. Pero me sorprendió
algo. Solo tomaron unos
cuantos. Comprendí
que ellas formaban parte
de mí y quizá
la idea de ofrecerles mis
tesoros a alguien tan unido
era como hacer trampas.
Al fin y al cabo, los seguiría
teniendo en casa. O quizá
mis hijas de alguna manera
me expresaron: “No
me des lo que tú
no necesitas ya; si, al
fin y al cabo, nosotras
somos partes por descubrir
en ti”.
Mi
alma estuvo agitada durante
un mes. De vez en cuando
me acordaba de alguno de
los libros y me asaltaba
la idea de llamar por teléfono
a las personas que se los
había obsequiado
para rogarle que me lo
devolviera. Me resigné,
hasta que poco a poco fue
apareciendo una sensación
de nueva libertad. Iba
comprendiendo que el armario
estaba receptivo para nuevos
materiales. El aire se
había renovado y
hasta la luz de fuera penetraba
por todos sus rincones.
Comprendí que el
corazón no retiene
sangre –mataría
al cuerpo–. El corazón
succiona y rápidamente
expulsa la sangre para
favorecer su movimiento.
Así debería
ser nuestra vida, recoger
sin pretensiones y desprendernos
sin dolor, sin pensar en
el premio. El corazón
no se preocupa a donde
va la sangre; solo hace
su trabajo, sin más.
Y en ese mero latir, quizá
esté su felicidad.
Hoy
puedo decirte que no me
arrepiento de haberme desprendido
de aquellos libros. Es
más, he desarrollado
un hábito basado
en el abandono. Cada cierto
tiempo bajo al sótano
de mi mente y pregunto
a los objetos que acumulé
en los últimos años
si piensan favorecer la
entrada del Ser que, por
cierto, ya está
dentro. Escucho a mis emociones,
a mi conciencia corporal,
a la instintiva, a las
piedras si hace falta;
si no me responden, considero
que se tarde o temprano
se convertirán en
grilletes de la nostalgia.
Si veo que ninguno me contesta,
entonces comienzo a sopesar
la idea de desprenderme
de ellos.
Quiero
que seas positiva. Mira
tu casa, tu habitación,
tu entorno. Contempla con
una sonrisa la calidad
de tus relaciones interpersonales.
Nadie te causa nada, solo
te exhala lo que ya huele
dentro del sótano.
El sótano lo llenaste
tú, porque lo elegiste
tú.
Ahora
cambio de carril. Quiero
ponerte por delante lo
más peliagudo que
pueda guardarse en los
sótanos de tu mente,
lo que más duele
en estos tiempos que ya
llamo sin tapujos La Segunda Venida. Te
hablo de algo más
delicado, te hablo de conceptos,
de las ideas que ya no
te sirven, pero a las que
te aferras para conducirte
por la vida, de tal manera
que las usas de manera
permanente para dirimir
que todo “lo parecido”
a ellas puede bajar al
sótano, pero lo
“no parecido”
se quedará en la
puerta de tu alma. Esa
actitud te lastra, te hace
sufrir porque no aceptas,
siempre juzgas. Deja que
entre y salga todo, como
la sangre en el corazón,
sin juzgar. Ya sabrá
el Ser con qué debes
quedarte y qué debes
dejar pasar. ¿No
ves que aquello que te
hace sufrir es lo que no
encaja con tus premisas,
con tus viejos conceptos,
con tus rígidas
ideas?
¿De qué progenitor
heredarías esa "energía"
a la que podríamos
llamar "rigidez"?
Me
encuentro con personas
espirituales que manejan
maravillosos conceptos
que atesoraron e integraron
en el pasado. Aún
hoy narran a sus contertulios
sus creencias. A
veces, los usan como quien
juega una partida de cartas.
Buscan echar el palo más
alto sobre el tapete. Algunas
ideas son realmente originales
y alentadoras. Esto es
hablar con la cabeza.
En
general yo no mido con
la mente. Si tengo alguna
medida, es la del corazón
y, con él, la del
amor. A menudo descubro
en mí -y en otros-
si lo que expresa la boca
que “sabe mucho”
es la consecuencia de su
propia inercia, rumiando
las mismas ideas durante
años, pura seducción
de la mente, nostalgia,
deseo de victoria. ¿O
acaso inspira Vida con
su palabra y hasta con
sus silencios?
Desprenderse
de los viejos conceptos
es lo más difícil.
Este trabajo exige inevitablemente
una rendición ante
el Ser, o en términos
psicológicos una
muerte. Cuando alguien
se ha rendido espiritualmente,
sin saberlo, entra en un
proceso al que llamo “La Crisálida”. En estas personas digamos
que aparece durante el
mismo una exacerbación
de su poderío conceptual.
Lo usa con mayor vehemencia
ante los demás,
calla menos, aprieta más,
pero su espíritu
expresa la angustia de
la mutación (esto
en la vida siempre se proyecta
con una acentuación
de viejos recuerdos basados
en problemas de carácter
profesional, conyugal o
familiar). Ante eso no
hay más que aguantarse
y esperar.
En
este caso la actitud positiva
ayuda. Es como tomarse
un analgésico para
atenuar el terrible dolor
de la transmutación.
Mientras, esa persona seguirá
expresando su actitud de
poseer luminosos conceptos.
Sin embargo, hasta que
se convierta en mariposa,
creo que serán los
conceptos los que lo atraparán
a él en el sótano
de su infelicidad. Recuerda:
quien sufre es el ego cuando
se intenta modificar su
estatus. Tú no tienes
libros, los libros te tienen
a ti; tú no tienes
conceptos, los conceptos
te tienen a ti. Tú
no tienes ego, el ego te
tiene a ti. Sólo
cuando el concepto y tú
seáis uno, sabrás
que eres libre.
La
verdadera verdad –perdón–
tiene vida, no se altera
cuando se expresa, y normalmente
es más silenciosa
que parlanchina. De todas
maneras, creo que este
es un caso de excelencia
espiritual, hasta donde
yo puedo contrastar, claro.
En
las circunstancias normales,
el pensamiento positivo
debe abrirse paso a través
de esos esquemas que no
dejan pasar nada nuevo
para permitir una brisa
renovadora, sobre todo,
revolucionaria. Para ellos
es preciso el silencio
durante días. Así
invocarán al testigo
que les permita identificar,
primero, y desterrar, luego,
los gritos del miedo que
proclama el ego. “¡Por
Dios, no te desprendas
de esto! ¡Ahora que
es mío y me siento
tan seguro con ello!”
“Ahora que me prestan
atención”.
Quiero
que seas positivo. ¿Cómo
vaciar esa mente de pensamientos
viejos para llenarlos con
otros nuevos? Cómo
crear el vacío necesario
para crear en ti un nuevo
humano. El Ser sabe
muy bien lo que necesitas
desde tu propia singularidad.
Él solo quiere que
comiences a crear un discurso
nuevo, abierto, interior,
que le permita usarlo como
vehículo para expresarse
en ti con calma, el quiere
que te conviertas en su
intrumento para danzar
y crear.
Muchos
sabemos lo que es sentir
la presencia de la luz
de Dios, del Ser, cuando
uno tiene demasiada basura
alrededor. Sencillamente
no lo reconocemos. El dolor
es indescriptible. A menudo
te encuentras mal y no
sabes por qué. Pero
debes saber que es Él
avanzando hacia ti, en
cada peldaño, quemando
a su paso toda la basura
del sótano. Ese
es tu dolor. ahora.
La
repetición de afirmaciones
positivas es vital cuando
nos tropezamos una y otra
vez con la misma duda,
con la misma incidencia,
con el mismo miedo. Durante
siglos afirmaciones o decretos
específicos en la
mente de los hombres configuraron
religiones poderosas.
En
el taller de Huelva una
persona verbalizó
positivamente algo, y sonó
realmente bien, pero su
cuerpo y su cara expresaron
un miedo tan terrible a
equivocarse, por un lado,
y al desmerecimiento que
ella había acumulado
durante años
que encogió los
hombros, cerró los
ojos y arrugó su
cara. Parecía como
si se le fuera a caer el
techo encima. Con lo cual
es cuestión de práctica
y de crear ese testigo
sagrado para comenzar a
entrenarnos con frases
de entusiasmo y totalidad,
así, hasta que todo
nuestro cuerpo lo exprese,
con una postura regia,
segura, con una impostación
perfecta de la voz que
llegue a decir sin tapujos
lo siguiente: “Estoy
convencido de que merezco
la felicidad suprema aquí
y ahora por el mero hecho
de existir”. Y vuelva
a repetir sin duda alguna:
“Estoy convencido
de que mis relaciones personales
son fluidas y enriquecedoras”.
Y mire a su alrededor y
diga: “¿Sabéis?
Estoy convencido de que
me desprenderé de
lo que ya no necesito”.
Y si en el estómago
todavía detectase
algún resto de miedo:
“He dicho que soy
feliz y lo quiero compartir
con el mundo”. Porque
para eso trabajamos, para
cambiar el mundo desde
nuestro interior. No hay
más camino.
El
camino del positivo
Cuando
me levanto por las mañanas
y mi mente se empeña
en mostrarme un panorama
negativo, me vuelvo bastante
cínico. Mi mujer
está acostumbrada
a escuchar cómo
a veces hablo a solas en
el baño o en cualquier
parte de la casa. El repertorio
positivo podría
ser el siguiente. Hay más,
pero aquí dejo un
botón de muestra.
En
la ducha canto, con las
tripas constreñidas
por algún miedo
que desea instalarse en
mi mente, unas sevillanas
que aprendí cuando
cursaba mi tercer año
de carrera.
“El
sol de la mañana
que el campo sale, que
al campo sale. Va dorando
las lomas de los trigales.
Campo de mieses, campo
de mieses. Qué bonito
es el campo cuando florece”.
Este es el que mejor funciona.
Como llevo años
utilizándolo, en
varios minutos cambia el
estado de ánimo,
y la constricción
o bloqueo desaparece para
descubrir nuevos caminos.
Eso, vislumbro nuevos horizontes
para salvar un escollo.
Nuevos horizontes puede
significar, por ejemplo,
estarse quietecito y esperar
que el Sistema del Ser
hago su parte del trabajo.
Ya vendrán las sincronicidades.
Además, que culpa
tiene mi esposa de nada:
no la voy a fastidiar con
el mal humor que engendran
mis miedos. Es mejor subir
a la cocina con alegría…
y seguro que en esa conjunción
positiva, la suya y la
mía, surge otra
idea, incluso más
brillante.
Por
Dios, algún día
os contaré los milagros
que suceden cuando uno
comienza a practicar. La
iglesia debería
investigar que el territorio
de los milagros está
migrando hacia los positivos…,
no hacia los crucificados,
con lo cual, digo yo, ese
sitio estará lleno
de santidades; aunque tampoco
me interesa esa idea porque
creo que santos somos todos,
empezando por los que están
en la cárcel, y
mira lo que te digo, todos.
Siento un profundo amor
cuando viajo y veo esas
cárceles enormes
rodeadas de alambradas
eternas. No juzgo.
“Yo
soy la ley del perdón
y la llama consumidora
de toda acción inarmoniosa
y de conciencia humana”.
Esta me la encontré
en un libro de Saint Germain
hace muchos años,
y me la guardé.
He descubierto hace poco
que cada vez que la pronuncio
es como si el mundo activase
el perdón en niveles
sutiles que la conciencia
humana no puede aprehender,
como si el perdón
lavara los dolores del
pasado de la humanidad,
como si se extendiera por
doquier… aunque yo
me inspire en mi vida.
“En
lo más profundo
del centro de mi ser hay
una fuente infinita de
amor. Ahora permito que
este amor aflore a la superficie.
Este amor llena mi corazón,
mi mente, mi conciencia,
mi ser, e irradia en todas
direcciones…”
Es más larga pero
la leí en un libro
de Louise L. Haig: Usted
puede sanar su vida. Esta
mujer es extraordinaria
y considero que es una
verdadera sanadora del
mundo. No estoy seguro,
pero me pareció
escuchar en cierta ocasión
que padeció muchos
abusos de niña y
adolescente, hasta que
abrió la puerta
y dijo: “Entra, me
rindo”, esto lo he
añadido yo.
“Gran
Espíritu, en tus
manos estoy para que me
otorgues la felicidad que
yo merezco con el fin de
derramarla en mi corazón
y en aquellos que me rodean”.
Esto sí es mío.
También es un arte
crear afirmaciones o decretos
personales. El truco está
en verbalizarlos. Solo
serán perfectos
y necesarios cuando tras
muchas repeticiones sintamos
que quedan redondos, que
nos sentimos integrados
con ellos, que ellos y
tú sois uno.
En
Internet escribes “Afirmaciones
positivas” y te salen
decenas de páginas
interesantes. En la carpeta
que entregué hay
una colección de
tres o cuatro páginas
con afirmaciones positivas.
Seguro que detectarás
las que tú necesitas.
Cada una aborda un ámbito
específico de tu
personalidad: como la soledad,
la confianza, los miedos,
el bloqueo, la tristeza,
la ira, la indecisión.
La
palabra ha de ser pura.
Por eso, no juzgues. En
los tiempos que corren,
un juicio se vuelve contra
ti antes de que puedas
sospechar que lo creaste
tú. Una crítica,
ni te cuento. Además,
en el momento que enjuicias
te separas del amor de
esa persona. Enjuiciar
no es amor, ni hay Dios
que lo haga. Solo lo hace
el dios que se inventaron
los hombres. Mira lo que
te digo: ni siquiera cuando
en la tele aparezcan imágenes
de supuestos terroristas,
o atentados. Si somos hermanos,
lo somos todos. Y si alguien
te inquiriera si tú
has sufrido en tus carnes
un atentado o la muerte
como consecuencia de un
ser querido, siempre le
puedes tender a él
una mano, ofrecerle un
abrazo y hasta un hombro
para consolarlo. No juicios,
no juicios. Más
abrazos, más abrazos.
Si enjuicias, te separas
de una oportunidad para
amar, para redimir. Redimirte
tú, no él.
Eso sí, de momento
los jueces tendrán
que ejercer su trabajo.
Pero tú no lo eres.
Quiero
que seas positivo. Para
conseguir el equilibrio
necesario que te lleve
a donde deseas o a donde
Debes, es mejor que vayas
tomando conciencia de que
tú creas todo lo
que te pasa. La realidad
la creas tú a través
de tus pensamientos. Alguien
podría decir, ¿y
los niños que padecen?
Bien, te entrego dos explicaciones,
y ambas son convergentes.
La
primera es que no estamos
libres de las acciones
de nuestros padres. Por
eso somos más responsables
de lo que imaginamos respecto
a las personas que nos
rodean, sobre todo de nuestros
hijos. No somos libres
ni siquiera de las acciones
de nuestros antepasados.
He podido comprobar cómo
hasta cinco generaciones
atrás han soportado
una pauta emocional, por
ejemplo, atenazante
y que se ha podido desvelar
en una terapia de constelación
familiar. Los de Huelva
lo visteis con vuestros
propios ojos. Parecía
que una persona tenía
que resolver “su”
problema, pero no exclusivo
de ella, sino el mismo
recorriendo varias generaciones,
cambiando las caras y los
escenarios en cada una
de dichas genereaciones.
Por
otra parte, el que parecía
"su" problema
también era el problema
de otras tres personas.
Y, más aún,
las personas elegidas como
actores para la constelación
encajaron tan bien con
el patrón energético
del personaje que representaban
que solo instantes después
descubrieron que aquella
historia, aparentemente
ajena a ellas, también
les atravesaba el alma,
la suya y la de su propia
familia. Con lo cual todo
es tan íntimo que
fíjate lo que te
cuento a continuación.
Me envío un correo
X, a propósito de
esa constelación,
para decirme que era sorprendente
cómo durante la
semana posterior a la constelación
se estaban produciendo
tremendos movimientos emocionales
entre sus familiares, aquellos
que durante años
llevaban encerrados entre
los límites de la
rutina y la resignación.
No
me quiero desviar con este
asunto tan interesante.
Otros podrían cuestionarte
desde su viejos castillos:
¿Qué han
hecho los inocentes que
son bombardeados en sus
países mil unas
veces? ¿Qué
han hecho los niños
que padecen la guerra y
la hambruna? Es una pregunta
trampa que obedece a la
idea alimentada durante
miles de años y
preconcebida de que existe
un dios externo, un dios
moralizador, un dios humano.
Muchas veces nos sentimos
desconcertados ante semejante
pregunta. Y siempre tornamos
hacia ese dios, para olvidarnos
de ese Aquí y Ahora,
para decirle: “¿Por
qué?” Hacemos
esa pregunta porque seguimos
pensando en un dios que
no forma parte de nosotros,
sino que se comporta como
el viejo padre de la humanidad.
¿Sabes
lo único que han
hecho esos amados niños
para padecer o seguir padeciendo?
Lo único que han
hecho ha sido pertenecer
al cuerpo llamado humanidad.
Si el estómago ingiere
alimentos que no son positivos,
entonces tarde o temprando,
el forúnculo estallará
por otro lado de ese cuerpo
humano. Solo una tremenda
ignorancia nos impediría
asociar ambos hechos.
La
humanidad también
conforma un cuerpo único,
de manera energética,
que no está separado
en sus partes, sino íntimamente
conectado, como los órganos
del cuerpo humano. Chinos
por allí y anglosajones
por aquí, ¿Separados?
Los pensamientos colectivos,
los pensamientos basura
usan su propio desagüe
y crean las señales
sociales precisas. Ocurre
lo mismo que con nuestras
enfermedades. Cada vez
somos más conscientes
de cómo una enfermedad
es un grito de nuestra
alma, nos lanza un mensaje
sobre aquellas emociones
que debemos trabajar. Por
cierto, ayer recibí
una visita de una persona
que le había salido
un forúnculo en
el pecho. Menudo agujero
traía cubierto por
una gasa blanca. Es hijo
único, pero, ¡sorpresa!,
de repente –guiado
por la intuición–
le pregunto por el padre
y me revela que a él
también le había
salido en el mismo lugar
otro forúnculo diez
días antes. ¿Casualidad
o claro mensaje de que
la línea paterna
debe liberarse de algo
que aflora en la última
generación? Ni estamos
separados por generaciones,
ni lo estamos por continentes.
Los que trabajan en este
campo lo saben muy bien.
Si somos positivos y permitimos
al Ser que actúe
en nosotros bajo la rendición
del ego, todo se disuelve
y la humanidad se libera
a través de tu propia
liberación. Estamos
más conectados de
lo que nos imaginamos.
Por eso, siempre digo que
el trabajo que aparentemente
se hace en una sala, siempre
traspasa sus paredes.
¿Por
qué mueren los niños?
Sencillamente porque nosotros
no somos positivos y porque,
en general, provocamos
la basura mental que otros
soportan. Los niños
se mueren porque no rescatamos
al niño interior
que fue herido, literalmente
machacado por angustias,
miedos y abandonos. Los
niños padecen hambruna
porque no alimentamos nuestra
alma con el alimento necesario,
que es de la luz. Este
el símbolo que se
proyecta en la pantalla
de la humanidad. Lo tenías
dentro y no te has dado
aún cuenta de ello.
Crear
un poderoso testigo de
lo positivo
Por
todo ello quiero encarecidamente
que seas positivo. No tienes
ningún derecho a
ser feliz; tienes la inexcusable
obligación. Por
ti y por los niños
del mundo. ¿Te has
parado a observar el tipo
de pensamientos que pululan
por tu mente? Todos ellos
deciden por ti. Creo que
deberías crear un
poderoso testigo que los
observara. Lee libros sagrados,
inspiradores. Limpia tu
corazón con las
aguas frescas de la luz.
Te puedo decir que nuestra
mente atrae y genera aquello
que piensa. Y más
aquello que siente nuestro
corazón. Si hay
odio, atraes odio; si hay
miedo a que te descubran,
tranquila o tranquilo,
que tarde o temprano aparecerá
quien te lo ponga de manifiesto.
Si te desgarra la traición,
lo mismo, ya vendrá
quien te la remueva, no
quien te la cree. Todo
es al revés con
los ojos del ángel.
Si no, mira hacia atrás
y con calma siente el color
de tus pensamientos y emociones.
Luego, siente cuánto
se parecieron ellos a tu
experiencia.
¿Te
imaginas que un día
decidieras ser positivo?
¿Qué implicaría
esa actitud? ¿Supondría
un cambio importante en
tu vida.
En
vez de controlar a los
demás, por qué
no controlas esos pensamientos
que no son tuyos. ¿Por
qué no los apagas
con el agua fresca del
pensamiento positivo? Siento
parecer sermoneador, pero
es que tanto conocimiento
“espiritual”
que termina por convertirse
en información,
solo lleva a ensoberbecer
la mente.
Sé
positivo. ¿Y el
humor? Llevaba mi mujer
sin ver durante meses a
una amiga que está
rellenita, bueno, quiero
ser sincero, más
bien es gordita. Cuando
la visitamos había
engordado aún más.
Lo primero que le dijo
a mi esposa fue: “Ali,
Ali, fíjate lo que
me sucede, creo que tengo
una enfermedad muy seria?”
“¿Cuál?,
peguntó mi mujer
con preocupación.
“Debo estar anoréxica
perdida porque me miro
al espejo ¡y me veo
gorda!” ¿Humor
negro? Sí, pero
funciona. Este es el humor
transmutador, herramienta
maravillosa del pensamiento
positivo (con toda mi compasión
por esas chicas que padecen
la enfermedad y por sus
padres).
Sé
positiva. Si rezas, ¿cómo
lo haces? Vivir en la soledad,
cargada de dolor interno,
y pedir a Dios rumiando
esos problemas, es como
pedir a alguien que remolque
tu vehículo sin
ruedas. Ponle ruedas a
tu vida, ponle pensamientos
positivos a tus oraciones,
aunque te encuentres en
la lista del paro. Ya verás
lo que sucede. Quizá
ocurra que sigas igual
que siempre, pero con menor
afectación de lo
que te rodea; eso ya abre
per
se puertas. Eso ya
es una conquista inmensa,
¿vedad?
No
estoy de acuerdo con pedir
a voleo al primer impulso
que se pase por la cabeza
porque nuestro camino no
debe estar al servicio
de los miedos. Eso podría
ser, en todo caso, optimismo.
O la incipiente popularidad
de libros que hablan del
poder de la mente donde
se habla de técnicas
basadas en el triunfo material.
Lo positivo pertenece a
la naturaleza del Ser.
Él necesita que
le pongas ruedas a tu vehículo,
pero para ir a dónde
realmente necesitas tú,
y contigo, la humanidad;
no a donde tus impulsos
basados en el apego, el
prejuicio o cualquier inquietud
se propongan. En este sentido,
¿te imaginas qué
poder tan tirano desarrollarías
a partir de ese momento?
Aquí y Ahora, humildad,
que no es otra cosa que
sentir qué debemos
hacer, seas barrendero
o principe. Debemos abrazar
sin tapujos –rendidos–
al cuerpo majestuoso del
Ser que nos sostiene. Él
nos abrazará. Y
entonces sentiremos gracias
a ese abrazo que Él
y tú sois uno. Ese
es el simbolismo del abrazo.
Una
celúla pequeñita
debería rezar con
afirmaciones positivas:
“Oh, gran cuerpo
humano, mi adorado cuerpo
que me sostienes con tu
energía, gracias
por otórgame confianza
y felicidad para recibir
lo que necesito y cumplir
con mi función singular
y maravillosa”. Ella
recibirá tarde o
temprano la información,
donde el cuerpo le indicará
hasta cómo necesita
pedir, como pulir sus afirmaciones
para que rinda mejor, incluso
si debe desistir de ciertos
alimentos que, por ejemplo,
atacan al hígado
y le generan rabia…
¿A qué es
fantástico ser positivo?
Para
terminar, quiero que seas
positiva. Búscate
un modelo de persona positiva
e imítalo al principio.
Comprueba cómo tanto
miedo no es más
que un fantasma. Ah, ¿que
tienes una enfermedad?
Bueno, ¿y qué?
¿Acaso otras personas
con la misma enfermedad
no hacen humor y hasta
lo llevan mejor que tú?
Ah, que se te está
muriendo esa persona a
la que tanto quieres. Lo
siento, sobre todo por
ti. La sonrisa en “los
peores momentos”,
el ser positivo los convierte
en “los mejores momentos”.
Y, por cierto, el
querer ata y el amor permite
la libertad, el dejar partir
al otro.
En
cualquier caso, quiero
expresarte algo más:
yo estoy cansado de conceptos.
Yo solo quiero la contemplación
en mí del Ser. Las
definiciones se las dejo
para los que sigan enredados
en una mente que busca
nuevas armas para autoproclamarse
vencedores. Yo solo busco
la sencillez, la humildad,
que es la visión
perfecta. Es decir, yo
solo quiero el abrazo de
Dios, y el Ser que habita
en mí es Él,
pura sencillez. Esta es
mi devoción. Y si
te escribo es para que
seas valiente y descubras
en tu armario lo que de
nuevo ya no te sirve.
Josemaría
Garzón
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