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17.
Haikus. La creadora, Lola P., los llama Haimis.
Acércate
con un adiós.
Siéntate y olvida. Camina y recuerda.
A la luz de la luna apagué mis recuerdos.
Me asomo a mi alma y sólo veo a Dios.
Se desnudó con sus mejores galas.
Ví una estrella y sonreí; ví dos y
lloré.
Miro y no veo.....sólo encuentro.
En lo infinito encuentro mi limitación.
Llámame y no estaré; siénteme y te abrazaré.
Tú eres la noche que me despierta.
Busco en el bául del olvido para encontrar mi recuerdo.
Quise coger una ola...
Tendí mi mano a un extraño y me regaló
su eternidad.
Me quejé y sólo el eco me respondió.
Vientre fecundo de estériles vidas.
Me pienso y no concluyo; me siento y está todo hecho.
En el amor busco lo que ya tengo.
Me amé y recordé el olvido.
Dí un paso hacia delante y retrocedí.
Agua corriente, sol brillante, piedra en el camino, ave de
paso....y yo, en ninguna parte.
Me vió y se escondió; entonces me encontré.
Mar de enojos, olas de belleza.
Aulló el lobo y el cordero le amó.
Una mariposa se posó en una flor y el mundo se estremeció.
Cierra los ojos y empezarás a ver.
Una espina le dijo a la rosa: a tí ven, a mí
me sienten.
Siento la compañía de mi divina soledad.
El viento me sopló una silenciosa melodía.
Quise ir y no llegué.....porque ya estaba.
Pierdo mi existencia cuando la pienso.
Estaré preparado cuando escuche al uno, al dos y al
tres.
Busqué una flor y encontré un jardín.
Acaricié la tierra y el universo me besó.
Se apagaron las farolas y se encendieron los grillos (este
no es mío y tampoco es un haiku, pero me encanta).
Miré al cielo y un pájaro se posó.
Mentes ruidosas de largos silencios.
Ten miedo y espera, que ya vivirán otros.
Naces muriendo para vivir naciendo.
Escuché una vez... y el mundo enmudeció.
En un pozo sin fondo deposité mis anhelos.
Reflejos de caras sin rostro que un día fueron.
Me equivoco cuando pienso. Sólo acierto cuando siento.
La ballena respiró para enseñarme el camino
por el que no voy.
Mudanzas de hojas que escriben pasajes de un silencioso presente.
El barro le preguntó al alfarero, ¿qué
quieres ser?.
Ondas que propagan lo nunca dicho.
El espejo me sonrió y me ruboricé.
Entre tú y yo sólo se interpone Dios.
Salí corriendo y no alcancé la felicidad.
Me asomé a la vida y la semilla brotó.
Cálido amor que me hiela.
Susurros que gritan el silencio.
Perfiles de sombras que no se ocultan.
Cuéntame un cuento y callaré para siempre.
Una llama apagó la luz de la noche.
Fríos inviernos de cálidos sueños.
Paseando por la vida me encontré lo que no buscaba:
a mí.
Tiré una moneda en una fuente y esperé el cambio.
Nubes que no pasan de largo.
Dulces recuerdos jugando al escondite.
Sólidos puentes que nos separan.
Escribo palabras que aún no son.
Estrellas que brillan donde no existen.
El otoño me regaló su decadencia.
Se cansó el camino de esperarme.
El sol se apagó para encender la noche.
El mar secuestró mis huellas.
Lágrimas que recorren un camino sin vuelta.
Calmada está la noche al abrigo de tu sueño.
El sauce dejó de llorar al ver tu sonrisa.
Sublimes abrazos de encuentros imposibles.
Supe que ya no estabas cuando te ví llegar.
Mi alma, presa de Dios, se siente libre.
Vago sin rumbo y el sol aparece.
La noche le contó mis sueños a Dios.
Ríos que se detienen a mi paso.
Nubes que anuncian tormentas de calma.
La luz se refugió en la sombra.
Escribo poemas de amor que sólo riman en tu alma.
Párate, sólo un momento, y evocarás lo
que aún no has vivido.
Supe de tí por el viento.
Suaves tactos de seda que me enredan.
Verdes valles que sustraen el rubor de la Tierra.
Impaciente está la flor de ofrecer su aroma al que
no se detiene.
Luz Divina que se apaga para que la veas.
Una cruz que me libera.
Pensé en besarte y mi rostro se hundió.
Lancé un beso al aire y te encontró.
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