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14.
Meditación IV. La práctica.

Estamos
sentados cómodamente,
con la espalda y el cuello rectos,
pero sin tensión.
Cerramos los ojos.
Sentimos cómo el aire
llena nuestros pulmones y sale
expulsado. Hincha los pulmones
reteniendo el aire antes de
expulsarlo.
Sentimos cómo el aire
acaricia las ventanillas de
nuestra nariz. Inhalamos por
la nariz y exhalamos por donde
quieras, por la boca o por la
misma nariz, aunque yo prefiero
por la boca, con los labios
entreabiertos.
Sentimos otra vez cómo
nuestro pecho se expande.
Ahora
visualizamos una esfera luminosa
en el centro exacto de la Galaxia.
Respira. Mírala. Te sientEs
unido a ella porque ella y tú
sois parte de lo mismo.
Cuando te diga “espiración”
descenderás por un cordón
luminoso hasta tu séptimo
chacra, que está situado
varios centímetros por
encima de nuestra coronilla.
Atención. Inspiramos…
retenemos y allá vamos
con una larga espiración
hasta la séptima esfera
o séptimo chacra.
Ya
estamos ahí. Lo visualizamos
sin dejar de llenar con generosidad
nuestros pulmones. Marcando
un ritmo de profunda respiración,
pero sin ningún esfuerzo,
que sean los pulmones los que
determinen la cantidad de aire,
cada vez más.
De
nuevo te llamo la atención.
Prepárate. Inspiras todo
el aire, retienes y… allá
vas…¡espira…!
Hasta el sexTo chacra que está
situado a la altura del entrecejo,
pero dentro de tu cabeza. Sigue
respirando de tal manera que
lo visualices con una simple
contemplación, sin pararte
a analizar, ni su color, ni
su brillo. En este momento es
lo que es…
Prepárate.
Inspiras todo el aire, retienes
y… de nuevo… allá
vas… ¡espira…!
Hasta el quinto chacra situado
en la garganta. Visualízalo
brillante. Dedícale al
menos dos o tres respiraciones.
Observa tus pulmones…
¿Pero aún no se
han dilatado del todo? Anda
inténtalo… ¡Inspira
que te veo!
Nos
vamos a ir al cuarto, al que
está situado a la altura
del corazón, más
o menos en el centro del esternón.
Bien, estamos en el quinto,
inspiramos… retenemos
y… allá vamos por
el recto cordón de luz.
Nos quedamos ahí.
Siente
que le vamos a decir adiós…
porque inspiramos… retenemos
y allá vamos con nuestra
espiración… Qué
hermoso es sentirse conectado
a nuestro cuerpo y a todo lo
que nos rodea.
Atención,
que nos vamos al tercero, al
de las emociones, cuatro dedos
por encima del ombligo.
Inspiramos, retenemos y…
espiramos… Quédate
ahí, con Amor.
Atención
de nuevo, que descenderemos
al segundo, el que controla
nuestro sentido de procreación,
nuestras benditas energías
sexuales… Pero cuánta
sanación necesita la
humanidad en esta parte…
Inspiramos, retén todo
el aire que puedas, ¡venga!
¡Y espiramos!
Estamos
aún en el segundo chacra,
obsérvalo sin implicarte…
obsérvalo sin juzgarlo,
sin etiquetarlo…
Atención… inspiramos,
retenemos… y… ¡espiramos
descendiendo por el haz de luz
hasta el primer chacra, el que
controla nuestros instintos
básicos, supervivencia,
protección, pertenencia…
Prepárate
que nos vamos a ir hasta al
núcleo de la Tierra.
Atención: inspiramos…
retenemos… y allá
vamos… Nos quedamos ahí
unos segundos. Observa, observa…
Ahora entramos en El Retorno.
Sigue respirando, sigue…
Esta vez, con cada espiración
la esfera o chacra se expandirá
hasta estallar, dejando millones
de puntitos de luz en su entorno.
Sigue respirando, sigue…
Atención que inspiramos…
y ahora ¡espiramos! La
esfera se hincha con nuestras
espiración y estalla…
Dios, cuanta hermosura repartiéndose
por todo el orbe.
A
partir de ahora con cada inspiración
subimos por el cordón
de luz hasta el chacra superior.
¡Inspiramos y subimos!
Ya estamos en el primer chacra.
Atención que vamos a
expandirlo con nuestra espiración.
Inspiramos y ¡espiramos!
¡Estalla el chacra inundando
con su onda los órganos
circundantes!
Bien, vamos a inspirar para
ascender de nuevo al segundo
chacra situado cuatro dedos
por debajo del ombligo. Inspiramos…
y allá que subimos. Retenemos.
Ahora espiramos y… ¡estalla
el chacra! Mira, mira, mira…
Inspiramos
y ascendemos hasta el tercero
(cuatro dedos por encima del
ombligo). Coge todo el aire
que puedas. Venga, venga, venga…
Y ahora… ¡espiramos!
Observa la onda cómo
se expande con una luz delgada
que todo lo penetra.
Inspiramos
y ascendemos hasta el cuarto
(a la altura del esternón).
Retenemos el aire. Y ahora…
¡espiramos! De nuevo la
onda se expande y salpica con
su luz nuestros pulmones, el
corazón, la espalda…
Observa cuánto amor lleva
esa onda en su esencia luminosa.
Quédate
unas cuantas respiraciones en
esta zona, observando cómo
crece de nuevo un punto de luz.
Este lugar, por si no lo sabes,
es el centro del Universo, el
centro del Si Mismo, el centro
del Ser.
Atención
que vamos a inspirar para subir
al quinto (situado en la garganta).
Preparada, inspiramos…
y allá vamos. Retenemos
y ¡espiramos y estalla!
Inspiramos
y subimos hasta el sexto, a
la altura del entrecejo. Retenemos
y ¡espiramos lentamente!
Inspiramos
y subimos al séptimo,
por encima de la coronilla.
Retenemos y ¡espiramos
y la esfera estalla abrazándonos
por completo con su luz!
Finalmente,
descendemos hasta el sexto de
nuevo y ahí nos vamos
a quedar unos cinco minutos,
cinco o diez minutos, contemplando,
sin analizar, creando el testigo
no implicado, ni de ideas, ni
de emociones, ni de recuerdos,
ni de posibles soluciones. Si
pudieras… solo amando.
Luego
regresarás tú
solo tomando consciencia de
la respiración y moviendo
muy lentamente el cuerpo. Adiós…
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