13. Meditación III. Preparándonos.

Te sentarás de manera relajada para comenzar un proceso que puede durar unos quince minutos.

¿Conoces los chacras? ¿Los has visualizado alguna vez? Si no estás familiarizado o familiarizada con ellos repásalos a medida que escuches lo siguiente. Procura tocar al menos los que están situados en tu cuerpo. Pálparlos de manera imaginaria con las palmas de las manos.

Es importante conocer esto para la primera de las cuatro fases de que consta la Meditación ArtedeAmarte.

Vamos a pensar que no contamos con siete chacras clásicos como se conocen, sino con dos más. El primero se halla en el corazón de la Tierra, el siguiente en la base de nuestro hueso púbico, debajo de nuestros genitales; el siguiente cuatro dedos por debajo del ombligo, a continuación hallamos el tercer chacra, ahora los cuatro dedos son por encima del ombligo. El cuarto lo encontramos a la altura del esternón. Después vendría el de la garganta, el del entrecejo, el de la coronilla –que estaría a una cuarta por encima de la cabeza- y el último estaría ni más menos que en el centro de nuestra Galaxia. Éste no intentes alcanzarlo con las manos sino con la imaginación… aunque puedes extenderlas con suavidad hacia arriba.

Piensa, pues, que existen nueve y que están conectados mediante un cordón de luz que va desde el núcleo de la Tierra hasta el centro de la Vía Láctea, un recto cordón que nos traspasa y nos conecta al Todo. Nosotros estamos en medio, donde se concentrarían los siete chacras corporales.

Si aún no estabas sentado, ahora te lo voy a pedir para que comenzar serenamente, con la espalda recta. Da lo mismo si estás en el suelo o sentado en una silla. Donde mejor te encuentres.

La meditación constará de cuatro fases: Descenso a través de los chacras desde el núcleo de la Galaxia hasta el núcleo de la Tierra. Retorno a través de los chacras desde el núcleo de la Tierra hasta el séptimo. Contemplación de pensamientos en el sexto. Retorno a la realidad cotidiana a través de la respiración. Te lo explico con más calma para que afiances el proceso que vamos a seguir a continuación.

1. Fase número uno. Descenso. Tratarás de tomar conciencia de tu respiración, de cómo entra y sale el aire de tus pulmones y a medida que te vaya sugiriendo, en cada espiración descenderemos por el cordón de luz que conecta los chacras hasta reposar sobre el inferior. Es decir cada espiración servirá para descender una planta.
2. Fase número dos. Retorno. El retorno lo comenzamos en el chacra del núcleo de la Tierra. En esta ocasión, cada espiración servirá para expandir ese chacra y estallarlo, salpicando su entorno de su propia luz. Y cada inspiración servirá, al contrario que en la anterior fase, para ascender por el cordón hasta el chacra inmediatamente superior.
3. Fase número tres. Contemplación. Llegamos al séptimo y después de estallar con una nueva espiración ya no continuamos hacia arriba, sino que vamos a retroceder hasta el lugar del sexto chacra, a la altura del entrecejo, pero situado por dentro del cuerpo. Y ahí nos quedaremos contemplando nuestros pensamientos, donde no vamos a analizar, no vamos a deducir, no vamos a interpretar posibles símbolos… Vamos a procurar que los pensamientos y las emociones en su danza cada vez nos atrapen menos. Ni siquiera vamos a prestar atención a posibles soluciones de problemas acuciantes. Porque, en realidad, cada uno de ellos son movimientos y trampas de ese portátil llamado mente, que se siente amenazado porque lo queremos llevar a un territorio donde su existencia peligra. Él está acostumbrado a columpiarse entre la experiencia del pasado y los miedos del futuro. Del presente no quiere saber nada. Le teme más que a una vara verde. Pero con sumo amor lo vamos a invitar a que poco a poco se vaya rindiendo, sin que por ello peligre su existencia. Permaneceremos, pues, contemplando pensamientos que van y vienen, emociones que se retuercen a ratos e imágenes vertiginosas no más de diez minutos tres veces por semana. Ojalá fuera todos los días, pero si no lo hago ni yo, ¿podría recomendártelo a ti? Que el tiempo y la práctica la mida tu corazón.
a. Nota importante. Insisto que esta técnica no busca fenómenos paranormales, no busca imágenes místicas, no busca una evasión de nuestro propósito fundamental, La Vida. Si ocurriera algo semejante, lo abordaríamos con calma y retornaríamos a nuestra práctica, sin más implicaciones emocionales. Para que lo entiendas, te contaré una bella historia que sucedió a un monje budista en el Tibet. A Las tres de la mañana aporreaba la puerta de la habitación de su Maestro.

- Maestro, Maestro… Lo he visto.
- Díme, Pequeño Saltamontes, ¿qué has visto?
- Maestro, sí, lo he visto durante la meditación. Se lo aseguro.
- A ver, dime. ¿Qué has visto?
- ¡ Por fin he visto al Buda durante mi práctica de meditación! ¡De verdad! Debe creerme, Maestro. Lo he visto, lo he visto.
- Te creo, Pequeño Saltamontes.
- ¿Y qué debo hacer, entonces?
- Bien, déjame pensar. Si vuelve a sucederte, continúa meditando hasta que desaparezca el Buda.

¿Comprendes cuántos juegos puede tener la mente? Si alguna vez apareciera una imagen de Jesús, de Buda o de Mahoma, ¿quién la proyectaría? ¿La mente? ¿O sería un reflejo de tu propio Ser? No es nuestro propósito buscar efectos; nuestra búsqueda persigue conectarnos a la Vida a través del apaciguamiento de la mente.

b. Hay una regla importante a tener en cuenta: Más no es mejor. Es decir, como me lo he pasado bien durante la meditación y he estado sentado quince minutos, la próxima vez estaré media hora. No. Se requiere constancia, aumentar los tiempos de manera gradual, sentir que una meditación dura –y aparecerá- no es una mala meditación, es un camino lleno de barros hasta el Ser, al que queremos entregarle nuestro corazón. Y hay tramos, digamos, llenos de barro que pueden durar una o veinte meditaciones. En cualquier caso, ese tramo ya estará recorrido. Continuamos hacia delante.
c. Otro aspecto importante: si te duermes, enhorabuena. De alguna manera has penetrado en un estado profundo de sueño al que no sueles acceder. Por eso te hallas a menudo cansado o cansada. Evita meditar tumbado, en la cama, en el sofá. Siempre lo harás con la espalda recta, en un habitación en penumbra, con o sin vela –ya la prefiero-. En el viaje del autobús o del avión.


4. Fase número cuatro. Retorno. Es muy normal que nos encontremos sumergidos en un estado de relajación, puede que de bendición. Pero hay que regresar a lo cotidiano de manera brusca. Para ello volvemos a tomar consciencia de nuestra respiración sintiendo y escuchando su fragor dentro de nuestros pulmones. Observando cómo el aire acaricia las ventanas de nuestra nariz. Luego, a lo largo de un par de minutos, moveremos los dedos de la mano de manera lenta, los pies, el cuello y sólo al final abriremos los ojos, pero mirando hacia el suelo durante otro minuto. Luego nos levantamos y nos vamos a instalar la paz relajada en la vida, con nuestra mera presencia y sin intentar enseñar a nadie ni procurar contarle cómo se ha desarrollado la mente… porque sería así como poner en marcha otra vez la TermoMix.

Ah, enhorabuena por cada vez que medites al menos tres veces entre semana. Eso indicaría que la mente se está acomodando a un nuevo ritmo.

Ya estamos muy cerca del comienzo de tu primera práctica. Antes de marcharme quiero ofrecerte otros consejos valiosos:

Primero, no te acostumbres a escuchar esta guía más de dos o tres veces. Cuando la tengas integrada, procura llevarla a cabo solo o sola. Con el ruido de tus pensamientos ya es suficiente. Hasta que ésta se vaya apaciguando y descubras lo que de verdad significa Silencio, es preciso que no te acostumbres a más sonidos que los de tu respiración.

Segundo. Muchas personas y chicos adolescentes comienzan con la práctica y pronto se preguntan si lo estarán haciendo bien o no. Tampoco se trata de que sea algo estricto. Si te sientes mejor descendiendo hacia un chacra a través de la inspiración que con las espiración, no pasa nada. Si crees que debes estar menos tiempo en una fase, tampoco sucederá nada. Es normal que la mente ponga en marcha una de sus mejores armas; me refiero a la duda. Porque con ella estancará tu confianza y minará tu determinación a la hora de proseguir. Ella lo que procurará es que abandones, cosa que no sucederá, ¿verdad?

Tercero. Haz un esfuerzo al principio por henchir los pulmones. No seas tacaña. Respira ya. Piensa que llenamos la cuarta parte de nuestra capacidad pulmonar. Y eso es tanto como vivir la vida una cuarta parte. Nadie te cobra por respirar y es lo más importante que hacemos en la vida. Además, piensa que nacemos con ella y que la dejaremos aquí cuando nos marchemos.

Cuarto. No te preocupes si ves o no ves los chacras, esas esferas a las que me estoy refiriendo, si los ves luminosos, opacos o sucios. Tú, sigue adelante con mi guía al principio y luego solo, como el niño que da sus primeros pasos en la vida.

Quinto. Disfruta. Disfruta como al niño que los Reyes Magos le han traído un regalo. Lo mira, lo palpa y se pregunta: ¿Y esto cómo funciona?

 

 

 
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