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11.
Meditación I. Motivación.

Hola
desde las montañas del
Camino, en un lugar del Bierzo.
No
te voy a contar algo que no
sepas ya. Pero sí quiero
contarte que hay caminos por
descubrir y que todos pasan
por el corazón.
La
mayoría de las personas
lleva un estilo de vida semejante
al de un hámster encerrado
en una jaula. De manera precipitada
no para de correr dentro de
su pequeña noria de juguete.
Cree que avanza, pero, en realidad,
siempre se halla en el mismo
sitio.
La mayoría de las personas
corre a todas horas –hijos,
trabajo, coches, familia, hora
punta, compromisos, separación–
y cuando llega a su casa posee
la mente tan alterada y el ánimo
tan agotado que solo la televisión
puede adormecerla o distraerla
un poquito más.
Una distracción tan seductora
como la televisión evita,
entre otras cosas, que nos preguntemos,
¿a dónde vamos?
Y poquito a poco olvidamos nuestra
meta de felicidad para cambiarla
por otra de huida o de seguridad.
Piensa
que la mente (o el ego) es un
magnífico ordenador que
a toda costa quiere controlar
nuestra vida porque busca seguridad.
De hecho, lleva tanto tiempo
decidiendo sobre nosotros que
también quiere controlar
las mentes de los demás
para alcanzar, como te digo,
una seguridad que paradójicamente
jamás quedará
satisfecha, porque jamás
se conformará con lo
que tiene. Esta historia de
la mente es tan real y antigua
que Platón ya la reflejó
en su mito de la cueva. Los
habitantes de una cueva miraron
durante tanto tiempo las sombras
que proyectaban sus cuerpos
merced a una lumbre situada
en la boca de la misma, que
terminaron por identificarse
con las sombras y se olvidaron
que ellos eran algo muy superior.
Pues eso mismo ha sucedido con
la mente. Nos hemos enfocado
tanto en sus procesos intelectuales,
en sus etiquetas, en sus miedos,
en sus dudas, en sus comparaciones
y clasificaciones que hemos
terminado por creer que nosotros
somos ella en su integridad.
Ni siquiera nos planteamos la
posibilidad de que tras todos
esos programas instalados en
la mente pudiera existir otra
realidad, otro yo diferente
al yo mental. Pero créeme
que existe.
Hay
cada vez mayor número
de personas que están
descubriendo atisbos de lo que
pudiera ser un Yo auténtico.
De hecho, los grandes Maestros
de la historia repitieron hasta
la saciedad que estamos demasiado
identificados con el exterior
y con los procesos mentales.
Existe, pues,… y está
esperándonos…algo
a lo que podemos llamar el Ser.
Podríamos decir que se
halla a un pelo de distancia
por detrás de la mente,
sonriendo con picardía
a que nos volteemos para contemplar
su rostro, el mejor rostro de
algo llamado Felicidad.
Hoy
te propongo una técnica
transmitida a muchos. Algo los
está llevando de la mano
hacia una vida más plena,
sin renunciar a los juegos,
al intercambio con nuestra pareja,
o nuestros hijos. Sin renunciar
a la vida… porque ello
te pone en tu verdadero camino.
Y solo tú lo decides.
Nadie tiene por qué decirte
a dónde ir. ¿Acaso
no buscabas la libertad?
¿Cuál
es nuestra pretensión
a la hora de llevar a cabo la
Meditación AdeA? En muchas
religiones la práctica
de la meditación se lleva
a cabo con una intención
clara de anular a la mente-ego,
de disolverla o de trascenderla
para quedarse colgado en los
niveles superiores del Ser.
Esta no es nuestra pretensión.
Nosotros sólo queremos
descubrir al Ser que hay al
otro lado para que sea Él
quien tome las riendas en la
vida, en todas las áreas
de nuestra vida cotidiana...
desde la familia hasta el trabajo,
pasando, incluso, por nuestras
relaciones más íntimas.
Con semejante planteamiento
la mente pasa de causa primera
de nuestra existencia a ser
instrumento valioso de ese Ser.
Es decir, el ordenador portátil
por fin deja de mandar y se
convierte en lo que es: un magnífico
instrumento sobre el que decide
el verdadero Yo.
Con
la práctica de la meditación
descubrimos que el Ser es fuente
de felicidad infinita, de felicidad
auténtica, de juego creador,
y su corriente nos sumerge en
la conexión con el Todo,
teniendo en cuenta que ese Todo
incluye a las personas que nos
rodean, a los árboles,
a los mares, a los pájaros…
e incluso al Universo. Y que
no tienes por qué dejar
de jugar al fútbol, al
golf o reír a carcajadas.
Me
gustaría que te dejaras
llevar en un viaje aparentemente
imaginario con la intención
de descubrir de manera serena
quién eres. Me gustaría
cogerte de la mano a través
de mis palabras para que me
permitieras serenar tu vida.
¿Te imaginas sentirte
conectado o conectada a todo?
¿Te imaginas sentirte
unida a los árboles,
al agua del mar, a las personas
que te rodean? ¿Te imaginas
lo que representaría
disolver cada uno de los miedos
que nos atenazan? ¿Qué
grande sería tu poder
creador si nada te impidiera
materializar tus más
nobles sentimientos? Y sobre
todo, ¿te imaginas qué
grado de comprensión
alcanzaríamos si nos
sumergiéramos en esa
consciencia?
Un
gran Maestro dijo una vez de
la meditación lo siguiente:
Si no hemos meditado jamás,
cualquier problema en nuestra
vida es como un arañazo
en una roca; se necesitan demasiados
años para que se borre.
Si comenzamos a meditar, entonces
el mismo problema sería
como un arañazo en la
arena de una playa; cuando la
ola acaricia la orilla, aquél
se borra. Si la práctica
es regular, es como un arañazo
al mar; a medida que el dedo
pasa por el agua, éste
desaparece. Y si mantenemos
nuestra práctica con
devoción es como un arañazo
en el aire, no habría
problema.
Me
voy a dar una vuelta por mi
bosque de castaños, por
mi bosque de castaños
centenarios. Creo que me están
llamando para abrazarlos. Volvemos
a quedar. Hasta luego.
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